La exposición La liturgia de las piedras, del escultor Alberto Bañuelos, transforma la materia en experiencia estética mediante cortes, vacíos y reconfiguraciones que invitan al espectador a interactuar con la obra. Instaladas en el Museo MACAY y el entorno urbano, sus piezas convierten la piedra en lenguaje, ritual y exploración sensorial.
Un objeto inerte de color blanco, forma redonda y superficie exterior texturizada. Cortes geométricos precisos que le convierten en una piedra que comunica. Desde la primera pieza, Alberto Bañuelos logra advertir que su exposición es un amplio conjunto de exploraciones que integran al espectador. Es “La liturgia de las piedras”, exposición que estará de mayo a agosto, en el Museo Fernando García Ponce-Macay.
El artista no ha necesitado inventar o sólo sacar de su contexto algo para, al entrar al recinto solemne del museo, adquirir otra condición. Intención, conceptualización, visión se expresan en cada pieza. Ese deseo de trocar lo insustancial en relevante. La piedra conserva su esencia; el escultor al pulir porciones internas le dan su nuevo matiz. Contundente por su simpleza; agradable por sus nuevos equilibrios de exterior expuesto e interior revelado.
Acá descompleta; allá troza y reordena; en la siguiente fragmenta y une para mantener su misma forma; en la otra abre un túnel de luz y una ventana para enterar al fisgón; por ahí pule toda una superficie. Adentro del MACAY obra pequeña y mediana, en el Pasaje de la Revolución, el gran formato.

