En entrevista, el crítico analiza el panorama del cine en México: talento y obras destacadas frente a la falta de industria, financiamiento y continuidad, en contraste con modelos como el estadounidense y el europeo.
Fotografía: Karen Zhao
El autor de Goozología mayor, el tapachulteco Arturo Arredondo, se ha especializado en la crítica cinematográfica, oficio cuyos resultados lo han llevado a medios de gran relevancia como La Jornada, El Universal y Reforma. En la actualidad, publica en Punto, Noveladles y Viva. Aquí una breve consulta sobre el cine mexicano:
—En el aniversario número cien del nacimiento del cine
se habla generalidades, se particulariza poco del cine mexicano. ¿Cuál es su
situación?
—Es una pregunta muy vasta. Habría que parcelar un
poco las circunstancias. El cine se ha dividido por países: tenemos el cine
norteamericano, muy adelantado, con muchos efectos especiales, en donde los
productores han convertido al cine en una industria, en un mercado de divisas
que ha crecido mucho.
El cine se constituye en especies de islas que generan
otros hechos en especial. El cine francés está muy preocupado por la calidad,
el talento y el cine de autor, mientras los norteamericanos sólo se preocupan
por la taquilla y la cualidad artesanal.
Fuera de Estados Unidos ya no hay malas películas por
su fotografía, únicamente son cintas aberrantes las que presentan esta
característica: las cámaras han mejorado mucho, los efectos especiales son de
uso de todo y por lo regular salvan a una película; incluso, la actuación de
los actores ha llegado a niveles deslumbrantes.
Por estos días se estrena La reina Margot, en ella los críticos han coincidido que está basada en la actuación de Isabel Adjani; sin esta mujer la película no serviría. Sucede en muchos países: si no fuera por determinado autor, la película no funciona.
Después de ese marco,
podemos centrarnos en México: Acá existen grandes películas con estupendas actuaciones,
una fotografía deslumbrante, un cine de autor, muchos directores mexicanos
tienen los ojos puestos en e1 universo, con excelentes resultados, pero en
general el panorama es caótico.
Los jóvenes que egresan
de las escuelas tienen mucho trabajo para conseguir financiamiento. Somos un país
pobre. Aquí como no tenemos dinero para comida, viajes o libros, tampoco
tenemos dinero para hacer cine. Los jóvenes han batallado mucho, pero también
los viejos directores están medio parados.
Luis Alcoriza se murió
teniendo entre las manos tres proyectos que nunca pudo llevar a buen término
porque no había recursos. Repito: el panorama es caótico, aunque tenemos cintas
muy buenas. Está El callejón de los milagros, donde se conjugan buenas
actuaciones, una producción excelente, una dirección estupenda y una fotografía
bastante recomendable, pero no todas las películas tienen esa misma suerte.
Hay muchos directores
jóvenes que ni siquiera han podido realizar su primera película. Tengo muchos
amigos dentro de quienes acaban de egresar de las escuelas de cine que se
quejan de esa mala circunstancia, como si se necesitara constituir cooperativas
para poder crear películas porque no hay dinero.
A cien años del cine no
tenemos una gran industria porque no tenemos otras cosas: no hay una industria
turística, una industria acerera: somos el primer productor de plata y ni
siquiera podemos tener monedas de plata porque en cuanto salen al mercado
desaparecen porque las atesoran o las venden al extranjero.
—Aun así, hace años se
habló de un nuevo cine mexicano en un momento en que ciertos directores,
con trabajo atrás, tuvieron mucha difusión…
—El cine mexicano es como un árbol que tiene
renovaciones. El nuevo cine mexicano son las ramas necesarias, las ramas
nuevas de un árbol que ya tiene rato de haber tendido sus ramas al aire. Es lo
normal, lo necesario, es una espiral que no se detiene. Hay nuevas
manifestaciones del cine mexicano: no quiere decir que sea bueno o malo, es lo
natural.
Desafortunadamente no se desarrolla porque no hay
dinero suficiente. Por donde quiera verse el cine es también una industria
generadora de divisas, pero en México no se la ha visto con las capacidades
necesarias. Sí llegáramos a tener una industria importante y seria
podríamos venderles todos nuestros productos a los
hispanohablantes como los cubanos. Se nos olvida que son quinientos millones de
habitantes en el mundo, y de ésos la mitad habla español. Pudiéramos tener una
industria bastante pujante, con nuestras historias, nuestros directores, que no
la hacen mal y tienen oficio, como Jaime Humberto Hermosillo, Jorge Fons y
Arturo Ripstein.
*Publicado en Expreso Chiapas.
