Entre cine de autor, espectáculo y nuevas narrativas, el Oscar 2023 revela un cambio en la idea de Mejor Película en Hollywood
Uno de los retos del mes de febrero es conocer las películas candidatas a los Premios Óscar. La tarea tiene fecha límite: 12 de marzo. Es complicado, porque aún están por estrenarse, en cines de México, varios de los trabajos nominados. Sin embargo, los portales alternativos, proporcionan la posibilidad de avanzar hacia ese propósito. Con paciencia y dedicación, pueden encontrarse y verse la mayoría de las propuestas.
Este año, son diez las finalistas para la categoría de
mejor película. Con ellas puede responderse la pregunta ¿hacia dónde se orienta
el Óscar 2023? En los mejores trabajos prevalece un cine que busca la reflexión
y generar preguntas en torno a las relaciones humanas. En mayor medida, lo
hacen las candidatas que no se distinguen por ser taquilleras como puede apreciarse
en este apunte sobre la decena de cintas en competencia, planteadas en orden de
prioridad:
Almas
en pena de Inisherin (The banshees of
Inisherin) de Martin McDonagh. En México fue titulada como Los
espíritus de la isla. ¿Por qué es difícil para unas personas reconocer
que otras tienen el derecho a renunciar a su amistad? ¿Por qué no respetar la decisión de quien
desea no invertir su tiempo en conversaciones rutinarias y prefiere elaborar
una pieza de arte? ¿Cómo esa falta de respeto puede permutar de una amistad a un
odio destructor? ¿Cómo diferenciar una amistad de un apego?
¿Quizá es más porque en una vida sin expectativas,
aislada, ir a la casa del vecino y de ahí al bar, puede ser la única ocupación
que da motivo a la existencia? ¿Por qué no se aprende que si se persiste en un
error puede llevar a otros, en una cadena interminable de errores? ¿Por qué
vivir encerrados en sí mismos, cegados para ver y tomar en cuenta las razones
de los otros?
¿Es tan fácil empezar a ser otros, renunciar a la
ética y los principios, para conseguir los empeños propios por absurdos que
sean? ¿Hasta dónde rige la ignorancia o la soberbia? ¿Es imposible darse cuenta
de que se camina hacia la autodestrucción? Actuaciones extraordinarias,
fotografía espectacular de Irlanda.
Este trabajo debiera ser el ganador, en 2023, en la
categoría de mejor película.
Sin
novedad en el frente de Edward Berger. Una narración
con el tema del frente de batalla en la Primera Guerra Mundial que, en cada
fragmento, construye un discurso en contra de las acciones bélicas. Dos horas y
media para demostrar la degradación personal: de la creencia patriotera a la
conversión en una máquina humana.
En la guerra sólo hay dos objetivos: matar y
sobrevivir. Se siguen estrategias y decisiones, lo de menos son las personas.
Todos son sacrificables: agresores y agredidos. Siempre. Ya se ve cómo los
invasores rusos llegaron con la intención de exterminar poblados ucranianos;
además, hasta ahora, los bombardeos cotidianos se dirigen sin distinción de la
población. Quieren poseer el territorio. Si deben matar a todos así será. La
diferencia, en el caso de 2023, es que no hay una guerra bilateral sino un país
invasor y otro que trata de rechazarlo.
La película no requiere ser sanguinolenta en extremo
para documentar la crudeza de la vida en conflicto. Más se logra con el esmero
estético. Muestra cómo se imponen inercias para vivir en esa circunstancia.
Vida y muerte son los polos que se tocan en todo momento. Sin concesiones o indulgencia
para ningún bando porque no hay humanidad en ningún caso. Congoja e indignación
perduran mucho tiempo después de ver el filme porque logra mover hacia allá.
Formar parte del catálogo actual de Netflix.
El triángulo de la tristeza (Triangle of Sadness) de Ruben Östlund. La comedia no sólo sirve para divertir. Puede utilizarse en la más corrosiva mirada hacia rasgos del mundo actual. ¿Cuál es el mérito para convertirse en un influenciador? El cuerpo. ¿Cuál es la capacidad más evaluada de los modelos? La de gesticular de acuerdo con cómo se le exija. ¿Es probable que haya hombres que tengan más criterio de igualdad que algunas mujeres? Sí, porque se continúan reproduciendo el esquema de la feminidad patriarcal —véase la reseña anterior sobre el libro de Bell Hooks—.
¿A qué se dedican los propietarios de las fábricas de esas
minas que, todos los días, mutilan personas en el mundo? A divertirse. ¿Se
conoce la verdadera mentalidad de quienes tripulan los grandes cruceros
empleados en viajes de placer? No hay manera. ¿En una circunstancia adversa
quién puede asumir el poder de un grupo? No los adinerados sino quien sabe
hacer. ¿El sexo es una moneda de cambio? Siempre que se puede. ¿Hay quienes
están dispuestos hasta a matar para conservar su limitado mundo ficticio en
donde son los tiranos? Sí, no importa avasallar, destruir; lo que interesa es
mantenerse en el poder.
Una sátira que aterriza con un final tremendo y hace
olvidar la ironía para centrarse en la realidad de las debilidades humanas.
Tár
de Todd Field. Compleja, pero con un planteamiento integral. El director se
toma una hora inicial para perfilar a su personaje, con abundancia de
información del mundo de la música clásica. Tras ese tiempo, el espectador, si
se desespera, podrá preguntar ¿a qué hora se inicia la película? Con el
desenvolvimiento de los hechos y en especial el final, se entenderá porqué el
autor decidió hacer tamaña inversión.
Una revisión del ejercicio del poder, aplicado a una
directora de orquesta, pero extensivo a cualquier profesión, nivel, género y
circunstancia. Con mensajes adyacentes: una es la imagen y otra las personas
reales, en un momento en que la percepción decide el ánimo de la gente, aunque
sean impostores. Otro señalamiento: quienes son íntegros o no en las
actividades públicas, profesionales, lo son también en lo privado. La persona y
su vida es una misma con acciones en distintos campos.
El papel de Cate Blanchett
como Lydia Tár será memorable por mucho tiempo.
Elvis de Baz Luhrmann. Tenía que ser la magia este director la que diera a Elvis Presley su película definitiva. Hoy, este filme es imprescindible porque es justo que las nuevas generaciones diluyan la simpleza del «murió de sobredosis».
Luhrmann construye una extraordinaria película muy
distante de una biografía: es un producto de una fuerza estremecedora. Logra
mostrar al personaje en toda su dimensión humana. Lo presenta en el contexto de
todas sus motivaciones.
Hace que el espectador lo entienda, admire y se rinda
ante quien es vulnerable en su grandeza. ¿Cómo no exasperarse con su
explotación total, en lo económico y artístico? ¿Cómo negar la simpatía con un
gran artista que deseó hacer ir al extranjero, a una gira internacional, y se
le impidió con engaños? ¿Cómo aceptar que, en los hechos, se le esclavizó a una
sala de conciertos y, ante su extenuación, se le dieron estimulantes
para que cumpliera los compromisos? A Elvis Presley, el rey del rocanrol, le
robaron la vida.
Las pasiones generadas en el espectador, en Elvis,
se construyen desde el estilo expresionista, estridente, del cine de Luhrmann.
Para ello, es decisiva la actuación de Austin Butler, que le ha hecho candidato
a mejor actor, en esta misma edición de los óscares.
Está disponible en HBO Max.
Ellas
hablan (Women Talking) de
Sarah Polley. El nombre de la película indica, con precisión, lo que es: la
exposición de argumentos de un grupo de mujeres, para tomar la decisión más
importante de su vida. La acción está en los diálogos. El escenario es, la
mayor parte del tiempo, en un granero o cobertizo. La fuerza expresiva está en
la exposición de las actrices. Todo acentuado con un filtro permanente que da
un efecto vintage.
El tema es punzante: la recreación de un hecho real
ocurrido en Manotioba,
comunidad menonita de Bolivia, llevado a novela por
Miriam Toews: «Entre 2005 y 2009, muchas mujeres y niñas —más de trescientas— se
levantaban por la mañana doloridas y con sensación de modorra, sus cuerpos
amoratados y sangrantes, como consecuencia de haber sido agredidas por la
noche.
»Estas agresiones se atribuyeron a fantasmas y
demonios. Ciertos miembros de la comunidad eran de la opinión de que o Dios o
Satán estaban castigando a las mujeres por sus pecados; un grupo muy numeroso
las acusaron de mentir para llamar la atención o encubrir adulterios: hubo
incluso quienes creyeron que era todo fruto de la viva imaginación femenina
desbocada. Con el tiempo se descubrió que ocho hombres de la colonia habían
administrado anestésico para animales a sus víctimas para dejarlas
inconscientes y así poder violarlas».
El reto cinematográfico fue decir todo, desde la
conversación. El morbo de las violaciones está ausente y sustituido por el
dolor humano, la vergüenza y la rabia que producen. Es más, los hombres están fuera
del filme: son la alusión negativa. Sólo aparece el maestro que fue invitado
para levantar el acta de la reunión, porque las mujeres no saben leer ni
escribir. Son mujeres que hablan, discuten, para decidir. Desde sus palabras
exponen: la tradición por generaciones del autoritarismo patriarcal, su mundo
limitado, la formación religiosa, anhelos y temores.
Ellas hablan
es el hipotético registro de dos días en deliberación colectiva para decidir
qué hacer, ante la verdad: a) nada; b) luchar en la comunidad; c) marcharse del
lugar.
De la decena de candidatas, al momento de redactar
este apunte, es la más difícil de localizar. Su estreno, en salas de México,
está anunciado para el 2 de marzo.
Los
Fabelman de Steven Spielberg. Una aportación para
situar la visión cinematográfica del famoso director. Proporciona elementos de
su biografía: su atracción por el cine, la oposición familiar a ello, su
juventud azarosa por el acoso escolar y la disfuncionalidad en casa. Su talento
para procesar, en cine, recuerdos de infancia y articular historias que den un
punto de vista diferente con las mismas imágenes rutinarias que los
protagonistas no imaginaban. Subraya que su maestro fue el legendario director
de wésterns John Ford.
Avatar:
El sentido del agua de James Cameron. Es el cine de la
espectacularidad visual no del contenido, porque en esencia es otra de buenos
contra malos. Los bienhechores: la familia de una raza que vive en mundo-paraíso
natural. Los maléficos: marines norteamericanos que desean conquistar esos
espacios de vida plena. Largos pasajes de tomas submarinas para verse en 3D,
hasta llenar cuatro horas. Guiños ecologistas. Nada adicional. Es un trabajo
para ver en el cine, con la pantalla y sonido apropiados porque es un
espectáculo con la mejor tecnología disponible hasta el momento.
Todo
en todas partes al mismo tiempo o
Todo a la vez en todas partes (Everything
Everywhere All at Once) de Daniel Kwan y Daniel Scheinert. Una
comedia que complace a todos los públicos. Un producto diseñado para tratar de
conectar con todos. El objetivo es quedar bien con quien sea.
Esta cinta inventa una fórmula para tener éxito. Por
una parte, apela a la vertiginosidad visual para dar información digerida en
este mundo del imperio del video y el rechazo a la reflexión. Por otra,
introduce múltiples referencias instaladas en el público como soportes para
caminar. Por eso su eje es el multiverso: un término machacado tanto por DC
Comics como Marvel Comics en sus películas de estricta diversión. También la
inclusión de alusiones a películas populares como Matrix. Por momentos,
se percibe hasta un asidero a la exitosa serie El juego del Calamar.
Su ingenio es construir un pastiche de efectos y
reminiscencias, para tratar de presentar algo original que, en realidad, sólo
conduce al entretenimiento o la risa. Lo mejor de ella es la actuación de su
protagonista, personificada por Michelle Yeoh que la colocó como candidata a
mejor actriz, en esta misma edición.
Top
Gun Maverick de Tony Scott. El
típico producto hollywoodense de acción. Para presentarse, la estrella hace una
prueba de velocidad en un avión que explota. Él reaparece incólume. Casi al
final, ocurre lo mismo: en la misión para destruir un bunker enemigo, derriban
su aeronave, pero nada le pasa. Enseguida va y hace la hazaña de robar una nave
del adversario. En medio de eso un viejo romance, un conflicto con el hijo de
un compañero fallecido. Fuera de las acrobacias aéreas sólo hay testosterona.
Quedan tres semanas para saber cuál de estos caminos elige la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas.
