Dua Lipa inaugura la Biblioteca Manifiesto con cien libros para defender la libertad de leer


La cantante británica y la histórica Librería Lello, de Portugal, crean la Biblioteca Manifiesto, un proyecto que reivindica la literatura como un espacio de libertad frente a la censura, el olvido y las nuevas formas de control cultural.

DAVID TOVILLA

Las imágenes de regímenes que quemaban libros o encarcelaban escritores parecían pertenecer al pasado. La realidad demuestra que no es así. Los libros, incluso en una época en la que internet ha democratizado el acceso a la lectura, continúan sujetos a prohibiciones, vetos y campañas para retirarlos de escuelas, bibliotecas y espacios públicos.

    Por eso resulta significativa la iniciativa presentada este 2 de julio por Dua Lipa. La cantante británica anunció la creación de la Biblioteca Manifiesto, un espacio permanente desarrollado por su club de lectura Service95 en alianza con la histórica Librería Lello, de Oporto. No se trata de una estrategia publicitaria para ampliar el alcance de su grupo de lectura. Es una apuesta cultural que reivindica la libertad de leer.

    Desde hace algunos años, Dua Lipa ha demostrado que su interés por la literatura no responde a una moda pasajera. Su club de lectura ha reunido a escritores entre los más relevantes del panorama contemporáneo mediante entrevistas, conversaciones y recomendaciones que privilegian la calidad literaria antes que el éxito comercial. Son libros que ayudan a interpretar el presente.

    La Biblioteca Manifiesto da forma física a esa iniciativa. Su propósito no consiste en reunir cien libros. Recuerda que la literatura constituye un espacio de resistencia intelectual.

    El manifiesto que acompaña la apertura de la biblioteca parte de una constatación inquietante. En 2023 se registró un número récord de libros retirados de distritos escolares y bibliotecas públicas de Estados Unidos. Durante 2024, escritores fueron detenidos o perseguidos en decenas de países por lo que escribieron o publicaron. En distintos lugares del mundo continúan vigentes leyes que castigan determinadas expresiones culturales o políticas.

    La censura no desapareció: ha cambiado de forma. Se suele asociar la censura con la prohibición explícita. Se imagina a funcionarios que tachan páginas o policías que confiscan ejemplares. Pero existe otra modalidad mucho más eficaz: la invisibilización.

    Un libro no necesita ser prohibido para dejar de existir. Basta con que desaparezca de las mesas de novedades, que los algoritmos nunca lo recomienden, que las conversaciones públicas giren siempre alrededor de los mismos títulos o que las editoriales privilegien aquello que garantiza ventas inmediatas. El resultado puede ser el mismo: obras valiosas que dejan de formar parte de la conversación cultural. La censura contemporánea no siempre consiste en prohibir un libro. Muchas veces basta con impedir que encuentre lectores.

    La Biblioteca Manifiesto responde a esa preocupación. Sus cien títulos se organizan alrededor de cuatro ejes temáticos:

    Poder reúne libros que cuestionan quién tiene autoridad para definir la realidad.

    Control examina los mecanismos mediante los que las sociedades moldean el pensamiento, desde la vigilancia hasta la propaganda o la presión ideológica.

    Voz recupera autores y comunidades que la historia relegó de los grandes relatos culturales.

    Memoria recuerda que el olvido también puede convertirse en una forma de violencia cuando borra guerras, dictaduras, exilios o persecuciones.

    Más que una biblioteca temática, constituye una forma de leer el mundo contemporáneo. Entre los títulos incluidos figuran 1984, de George Orwell; El cuento de la criada, de Margaret Atwood; El segundo sexo, de Simone de Beauvoir; Los versos satánicos, de Salman Rushdie; Pachinko, de Min Jin Lee, y La policía de la memoria, de Yōko Ogawa.

    Llama la atención que algunos de los autores presentes en esta colección han aparecido en este blog. Autores como MargaretAtwood y DavidSzalay pertenecen a una literatura que no ofrece respuestas fáciles ni se conforma con entretener. Son escritores que incomodan, cuestionan y obligan a revisar la perspectiva propia. Están incluidos porque sus obras amplían la comprensión del mundo.

    Es un lugar común hablar de la saturación de información. Tal vez el problema no sea la cantidad, sino la escasez de pensamiento. Leer es una de las pocas actividades que exigen tiempo, concentración y disposición para escuchar una voz distinta de la propia. En una cultura dominada por la inmediatez, detenerse frente a un libro constituye un acto de resistencia contra la velocidad, la simplificación y el ruido.

    La Biblioteca Manifiesto recuerda algo que las grandes bibliotecas han sabido desde siempre: conservar libros no consiste en almacenar papel. Significa preservar preguntas. Cada libro que desaparece de una estantería elimina una posibilidad de comprender el mundo de otra manera. Cada voz silenciada empobrece la conversación colectiva. Y cada lector que descubre una obra capaz de transformar su mirada mantiene viva una tradición que ninguna censura ha conseguido extinguir por completo.

    Dua Lipa resume esa convicción en una frase que funciona como declaración de principios de toda la iniciativa: «A veces, lo más subversivo que puedes hacer es leer un libro y luego hablar de él».

    El pensamiento crítico constituye uno de los rasgos que distinguen a la condición humana. No puede silenciarse por comodidad, conveniencia ni complicidad. En un tiempo en que la mentira se utiliza como herramienta de control, en que proliferan gobiernos de vocación autoritaria disfrazados de democracia y en que la desinformación circula con mayor rapidez que los hechos, leer y pensar son dos de los actos más libres que puede ejercer una persona. Porque, como todas las libertades, la libertad de leer permanece viva cuando existe la voluntad de defenderla.

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