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La Fiesta Grande de Chiapa de Corzo inicia con la irrupción festiva de los chuntás, una manifestación que transforma identidades, desborda las calles y reafirma el tejido social de una comunidad que encuentra en esta celebración su mayor expresión cultural.
DAVID TOVILLA
Fotografía: Arturo Arias
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| Fotografía: Arturo Arias |
El anuncio es una actividad un poco íntima de los chiapacorceños. Los demás días de la Fiesta Grande se observan muchas personas de fuera. La noche del ocho de enero se articula más en los propios lugareños. Es una sesión prolongada porque se trata de abrir camino. Llegar a todos esos sitios en donde, días después, llegarán otros contingentes festivos. Por eso el momento especial es la media noche. Entre semana, la hora temprana es de menor concurrencia por el mundo laboral. Las horas hacen que la concentración alcance miles. No es un compromiso. Es una exigencia propia ir a acompañar esa lenta columna que despide ritmos, gritos, vistosidad. Una motivación interna les lleva a estar en el gran aparte de los hechos ordinarios.
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| Fotografía: Arturo Arias |
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| Fotografía: Arturo Arias |
Jerry y su pandilla lideran la procesión de la arrechura. Hay otras pero es la que tiene mayor capacidad de convocatoria. Es un decir porque, en enero, en Chiapa de Corzo, todo convoca: las iglesias sin mobiliario convertidas en espacios para la danza, los cientos de tiras de coloridos papeles que surcan las alturas, los sonidos de tambor y carrizo que marcan la estancia o el retiro del grupo, la muchedumbre dentro y fuera de las callejuelas.
La Fiesta Grande es el gran oasis social. La pausa que sus hacedores esperan. La confluencia cultural que no tiene comparación en ningún otro sitio de Chiapas. Es una reiteración que, en cada manifestación: cohesiona, atrapa, recluta sin desgastarse. El anuncio ha recorrido el pueblo. Empieza la celebración...
*Fotografías del libro "Fiesta grande, una vivencia".



