La segunda temporada de Las Azules vuelve sobre el 2 de octubre de 1968 y plantea, desde la ficción, una reflexión sobre memoria, verdad y poder en México.
DAVID TOVILLALa segunda temporada de Las Azules, estrenada en agosto por Apple
TV+, terminó el 30 de septiembre. Llama la atención que una serie mexicana
estrenada en 2026 lleve su historia hasta 1968, uno de los episodios que
todavía forman parte de las zonas más incómodas de la memoria del país.
La serie comenzó como una historia policiaca ambientada en el México de
1971. La primera temporada ilustró la incorporación de las primeras mujeres a
un cuerpo policial. En la segunda, sin abandonar el crimen, el suspenso y las
relaciones entre sus personajes, la mirada adquiere profundidad: hacia aquello
que una institución sabe y decide ocultar, y que algunos de sus integrantes
están dispuestos a buscar, aunque hacerlo implique enfrentarse con las reglas
que juraron cumplir.
La tensión entre las instituciones, las órdenes y la búsqueda de la verdad
distingue esta segunda parte. Por eso se presenta con la frase: «Desafía al
sistema. Descubre la verdad». Así es como Las Azules se aparta de una
serie policiaca de época para plantear preguntas a la memoria y al presente, a
casi seis décadas de unos acontecimientos que podrían parecer cada vez más
lejanos para quienes no los vivieron.
La serie tiene el tino de mostrar el tema a través de las decisiones de
quienes deben obedecer, callar o enfrentarse a las órdenes. No acude como un
álbum de recuerdos, tampoco a la repetición mecánica de consignas ni asume una
ideología. Recupera hechos, arquetipos y personajes y, a partir de ellos,
explora las relaciones entre las personas, las instituciones y el poder.
Las Azules no sólo alude a una tragedia o a una represión. También
muestra cómo puede expresarse el autoritarismo cuando el interés por conservar
el poder termina por imponerse a las libertades y las voces discordantes son
perseguidas hasta silenciarlas.
La serie introduce, desde la ficción, un elemento clave para toda sociedad:
la verdad. La investigación de sus protagonistas no apunta sólo hacia un
culpable. Indaga en lo que ocurre cuando la verdad toca intereses, jerarquías e
instituciones.
El 68 no puede reducirse a una conmemoración. Se convierte en una lección
cuando lo aprendido como sociedad sirve también para mirar el presente.
Significa conservar la capacidad de reconocer aquello que sucede cuando el
poder deja de aceptar límites, la crítica se vuelve sospechosa, las
instituciones pierden autonomía y la verdad resulta incómoda para quienes
tienen la capacidad de imponer silencio. También implica recordar que el 68 fue
parte de una batalla permanente por las libertades democráticas, y que éstas no
se miden desde el poder, sino desde la sociedad.
Quedan Las Azules. Bárbara Mori, Ximena Sariñana, Natalia Téllez y
Amorita Rasgado hicieron de María, Ángeles, Valentina y Gabina cuatro personajes
memorables.
