‘Una batalla tras otra’, de Paul Thomas Anderson, se perfila rumbo al Oscar 2026 a mejor película

DAVID TOVILLA

Acorde con su título, Una batalla tras otra, la película de Paul Thomas Anderson abrió enero y la temporada de premios al imponerse en sus dos primeras batallas.

    En los Critics Choice Awards obtuvo los reconocimientos a mejor película, dirección y guion adaptado. En los Globos de Oro sumó mejor película (comedia o musical), dirección, guion y actriz de reparto.

    En esta ruta, su competencia directa es Pecadores, de Ryan Coogler. Aún es temprano y no siempre lo que ocurre en estas primeras escalas se refleja después. Sin embargo, estos premios —previos a las nominaciones definitivas— buscan incidir en la carrera hacia el Oscar.

    En estas dos confrontaciones, y aunque en los Globos de Oro la separación por categorías ayuda a situar y evaluar mejor a cada filme, Pecadores se consolidó como el mayor logro de taquilla; pero, como película, fue desplazada por Hamnet entre las candidatas a mejor película de drama.

    Pecadores y Una batalla tras otra pueden verse en HBO.

    Pecadores impacta por su cualidad de obra teatral trasladada al cine, con un ingrediente de misterio y un tono sobrenatural.

    Una batalla tras otra es un trabajo artesanal que apunta en varias direcciones. Se construye desde el artificio y se toma su tiempo para sentar las bases de todo lo que pone en duda.

    Sitúa la cámara sobre un tema y unos protagonistas; les concede espacio para exponer sus razones y, enseguida, las somete a prueba.

    Alude a grupos radicales de pretensiones revolucionarias, pero no los romantiza: al final, sus líderes toman decisiones guiadas por beneficios personales.

    También se asoma a los grupos conservadores que detentan el poder, donde la pureza tampoco es real: se fabrica. De ahí la necesidad de rastrear supuestos pecados del pasado para borrarlos y acceder a una credencial de estatus. En esa espiral cabe todo: engaños, traiciones y asesinatos.

    La polarización solo ha traído el perfeccionamiento en la construcción de caretas: ponerse la máscara de bandos ya superados —izquierda/derecha— para esconder miserias humanas.

    Al final, lo que salva o condena a todos son sus rasgos de humanidad. No lo dicho, sino los hechos. No lo pregonado o proclamado: cuentan las acciones y lo que definen. La capacidad de solidarizarse, ayudar, proteger, educar, convivir y crecer.

    Eso —tan simple y difícil a la vez— suele perderse de vista en la dinámica cotidiana, pero es lo que, en verdad, vuelve pequeñas o grandes a las personas. Ese es el mensaje mayor: en Una batalla tras otra los seres humanos avanzan siempre, porque vivir es un reto cotidiano que exige veracidad, autenticidad y congruencia.

    Con ese planteamiento, la nueva película de Paul Thomas Anderson refuerza su posición rumbo al Oscar 2026 en la categoría de mejor película.

   La siguiente batalla será el 7 de febrero, en los DGA Awards (Premios del Sindicato de Directores).