Acorde con su título, Una
batalla tras otra, la película de Paul Thomas Anderson abrió enero y la
temporada de premios al imponerse en sus dos primeras batallas.
En los Critics Choice Awards obtuvo los reconocimientos a
mejor película, dirección y guion adaptado. En los Globos de Oro sumó mejor
película (comedia o musical), dirección, guion y actriz de reparto.
En esta ruta, su competencia directa es Pecadores, de Ryan Coogler. Aún es temprano y no siempre lo que
ocurre en estas primeras escalas se refleja después. Sin embargo, estos premios
—previos a las nominaciones definitivas— buscan incidir en la carrera hacia el
Oscar.
En estas dos confrontaciones, y aunque en los Globos de Oro
la separación por categorías ayuda a situar y evaluar mejor a cada filme, Pecadores se consolidó como el mayor
logro de taquilla; pero, como película, fue desplazada por Hamnet entre las candidatas a mejor película de drama.
Pecadores y Una batalla tras otra pueden verse en
HBO.
Pecadores impacta
por su cualidad de obra teatral trasladada al cine, con un ingrediente de
misterio y un tono sobrenatural.
Una batalla tras otra
es un trabajo artesanal que apunta en varias direcciones. Se construye desde el
artificio y se toma su tiempo para sentar las bases de todo lo que pone en
duda.
Sitúa la cámara sobre un tema y unos protagonistas; les
concede espacio para exponer sus razones y, enseguida, las somete a prueba.
Alude a grupos radicales de pretensiones revolucionarias,
pero no los romantiza: al final, sus líderes toman decisiones guiadas por
beneficios personales.
También se asoma a los grupos conservadores que detentan el
poder, donde la pureza tampoco es real: se fabrica. De ahí la necesidad de
rastrear supuestos pecados del pasado para borrarlos y acceder a una credencial
de estatus. En esa espiral cabe todo: engaños, traiciones y asesinatos.
La polarización solo ha traído el perfeccionamiento en la
construcción de caretas: ponerse la máscara de bandos ya superados
—izquierda/derecha— para esconder miserias humanas.
Al final, lo que salva o condena a todos son sus rasgos de
humanidad. No lo dicho, sino los hechos. No lo pregonado o proclamado: cuentan
las acciones y lo que definen. La capacidad de solidarizarse, ayudar, proteger,
educar, convivir y crecer.
Eso —tan simple y difícil a la vez— suele perderse de vista
en la dinámica cotidiana, pero es lo que, en verdad, vuelve pequeñas o grandes
a las personas. Ese es el mensaje mayor: en Una
batalla tras otra los seres humanos avanzan siempre, porque vivir es un
reto cotidiano que exige veracidad, autenticidad y congruencia.
Con ese planteamiento, la nueva película de Paul Thomas Anderson refuerza su posición rumbo al Oscar 2026 en la categoría de mejor película.
La siguiente batalla será el 7 de febrero, en los DGA Awards (Premios del Sindicato de Directores).

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