Vogue México, Dua Lipa, Dakota Johnson y los libros

Fotografía: IG de Laura Caldirola
DAVID TOVILLA

Para Cristian Tovilla,

guía cuando hizo falta…

El 9 de marzo Vogue México anunció la creación de su club de lectura. No es un detalle menor. Una revista cuya audiencia busca con prioridad la moda, la estética y el estilo de vida decide convocar a sus seguidores en torno a un ingrediente que suele aparecer en sus páginas: los libros. Esta vez con un énfasis adicional.

El proyecto es para suscriptores y funcionará como una comunidad de lectura con el acompañamiento de las editoras de la revista. Hay, por supuesto, una lógica empresarial detrás: ofrecer experiencias exclusivas, fortalecer la relación con quienes pagan, fidelizar audiencia. En la economía actual de los medios, donde todo compite por la atención, buscan estrechar el vínculo con sus lectores. Al final es una empresa y necesita de su público para continuar. Pero lo valioso está en otra parte: que en medio de esa estrategia aparezca una invitación a leer.

Fotografía: IG de Laura Caldirola

Algo parecido se comentó antes en este blog con otra iniciativa. En 2022, Dua Lipa lanzó un club de lectura dentro de su plataforma cultural Service95. Cada mes recomienda un libro y conversa con su autor. No sorprende tanto que una estrella del pop hable de literatura, sino el tono que asume: con entusiasmo genuino de lectora. En una dinámica dominada por la inmediatez de TikTok o los videos de treinta segundos, ver a sus seguidores discutir novelas es poco habitual.

En 2024, Dakota Johnson impulsó el TeaTime Book Club. Nació ligado a su productora TeaTime Pictures y tiene un objetivo pragmático: detectar libros con potencial para adaptaciones audiovisuales. Es una estrategia inteligente —Hollywood siempre ha vivido de las historias que primero se escribieron— pero el efecto colateral tiene interés: vuelve a colocar a los libros en el centro de la conversación cultural.

Fotografía: IG de Laura Caldirola

Tres proyectos distintos, tres motivaciones diferentes. Una revista que busca fortalecer su comunidad de suscriptores. Una estrella del pop que comparte sus lecturas con millones de fans. Una actriz-productora que rastrea historias que pueden convertirse en películas o series.Y sin embargo todos convergen en lo mismo: leer juntos.

Durante años se repitió que el libro estaba condenado por las pantallas. Que el futuro sería audiovisual, inmediato, breve. La realidad resultó más compleja. Nunca hubo tantos contenidos digitales y, aun así, el libro conserva un prestigio singular: es el espacio donde la atención se vuelve profunda, donde la imaginación trabaja sin intermediarios. El libro también ha cambiado de formato: las ediciones digitales se han abierto espacio y la lectura en pantalla ha crecido.

Por eso los clubes de lectura viven una segunda vida. Lo que antes ocurría en una sala, en una biblioteca o en la sobremesa de una casa, ahora sucede también en boletines por correo electrónico, grupos en aplicaciones de mensajería, podcasts o transmisiones en vivo.

Fotografía: Émilie Hamon/ IG de Laura Caldirola


Hay algo paradójico en ello: las mismas plataformas que fragmentan la atención se convierten en el lugar donde se organiza la experiencia de leer con calma.

Aunque exista cálculo comercial, el resultado final conserva su valor. Cada club de lectura reúne a una pequeña comunidad en torno a un acto que exige algo cada vez más escaso: tiempo, concentración, curiosidad intelectual. Ese hecho dice algo del momento cultural.

En medio del consumo masivo de contenidos que pasan por los teléfonos a la velocidad de un pulgar, el libro conserva una forma distinta de resistencia.

Y quizá ahí esté la verdadera noticia detrás de estos clubes: no que celebridades o revistas recomienden libros, sino que todavía haya lectores dispuestos a reunirse alrededor de ellos. Después de todo, los libros todavía reúnen.

Fotografía: Émilie Hamon/ IG de Laura Caldirola