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| Fotografía: IG de Laura Caldirola |
Para
Cristian Tovilla,
guía
cuando hizo falta…
El 9 de marzo Vogue México anunció la creación de su club de lectura. No es un detalle menor. Una revista cuya audiencia busca con prioridad la moda, la estética y el estilo de vida decide convocar a sus seguidores en torno a un ingrediente que suele aparecer en sus páginas: los libros. Esta vez con un énfasis adicional.
El
proyecto es para suscriptores y funcionará como una comunidad de lectura con el
acompañamiento de las editoras de la revista. Hay, por supuesto, una lógica
empresarial detrás: ofrecer experiencias exclusivas, fortalecer la relación con
quienes pagan, fidelizar audiencia. En la economía actual de los medios, donde
todo compite por la atención, buscan estrechar el vínculo con sus lectores. Al
final es una empresa y necesita de su público para continuar. Pero lo valioso
está en otra parte: que en medio de esa estrategia aparezca una invitación a
leer.
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| Fotografía: IG de Laura Caldirola |
Algo parecido se comentó antes en este blog con otra iniciativa. En 2022, Dua Lipa lanzó un club de lectura dentro de su plataforma cultural Service95. Cada mes recomienda un libro y conversa con su autor. No sorprende tanto que una estrella del pop hable de literatura, sino el tono que asume: con entusiasmo genuino de lectora. En una dinámica dominada por la inmediatez de TikTok o los videos de treinta segundos, ver a sus seguidores discutir novelas es poco habitual.
En 2024, Dakota Johnson impulsó el TeaTime
Book Club. Nació ligado a su productora TeaTime Pictures y
tiene un objetivo pragmático: detectar libros con potencial para adaptaciones
audiovisuales. Es una estrategia inteligente —Hollywood siempre ha vivido de
las historias que primero se escribieron— pero el efecto colateral tiene
interés: vuelve a colocar a los libros en el centro de la conversación
cultural.
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| Fotografía: IG de Laura Caldirola |
Tres proyectos distintos, tres motivaciones diferentes. Una revista que busca fortalecer su comunidad de suscriptores. Una estrella del pop que comparte sus lecturas con millones de fans. Una actriz-productora que rastrea historias que pueden convertirse en películas o series.Y sin embargo todos convergen en lo mismo: leer juntos.
Durante años se repitió que el libro estaba condenado por las pantallas.
Que el futuro sería audiovisual, inmediato, breve. La realidad resultó más
compleja. Nunca hubo tantos contenidos digitales y, aun así, el libro conserva
un prestigio singular: es el espacio donde la atención se vuelve profunda,
donde la imaginación trabaja sin intermediarios. El libro también ha cambiado de
formato: las ediciones digitales se han abierto espacio y la lectura en
pantalla ha crecido.
Por eso los clubes de lectura viven una segunda vida. Lo que antes
ocurría en una sala, en una biblioteca o en la sobremesa de una casa, ahora
sucede también en boletines por correo electrónico, grupos en aplicaciones de
mensajería, podcasts o transmisiones en vivo.
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| Fotografía: Émilie Hamon/ IG de Laura Caldirola |
Hay algo paradójico en ello: las mismas plataformas que fragmentan la
atención se convierten en el lugar donde se organiza la experiencia de leer con
calma.
Aunque
exista cálculo comercial, el resultado final conserva su valor. Cada club de
lectura reúne a una pequeña comunidad en torno a un acto que exige algo cada
vez más escaso: tiempo, concentración, curiosidad intelectual. Ese hecho dice
algo del momento cultural.
En medio del consumo masivo de contenidos que pasan por los teléfonos a
la velocidad de un pulgar, el libro conserva una forma distinta de resistencia.
Y quizá ahí esté la verdadera noticia detrás de estos clubes: no que celebridades o revistas recomienden libros, sino que todavía haya lectores dispuestos a reunirse alrededor de ellos. Después de todo, los libros todavía reúnen.
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| Fotografía: Émilie Hamon/ IG de Laura Caldirola |





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