DAVID TOVILLA
¿Es posible imaginar que una autoridad decidiera retirar la Diana
Cazadora del Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México? No lo es.
La figura femenina desnuda que corona la fuente se ha mantenido por más
de ochenta años en el espacio público porque es historia, identidad y
referencia colectiva. Alguna vez fue retirada por daños, pero se sustituyó por
la misma imagen.
La censura no ha llegado al grado de quitarla. Ante la presión de la
Liga de la Decencia, el autor incorporó un calzón de bronce apenas adherido,
pensado para retirarse en cuanto fuera posible. Así ocurrió. Hoy, la
representación del cuerpo femenino ha recuperado su forma plena en bronce.
En Tepic ocurrió lo contrario. La escultura “La Hermana Agua”, inspirada
en un poema de Amado Nervo, fue retirada del espacio público el pasado 13 de
marzo. Compartía con la Diana lo esencial: un cuerpo femenino desnudo expuesto
a la mirada de todos.
De acuerdo con datos de 2026, el 44.3% de la población en Nayarit
considera la inseguridad y la delincuencia como uno de los principales
problemas, mientras la corrupción ocupa el primer lugar. Frente a ese panorama,
el gobernador prefiere ocultar una representación femenina desnuda antes que
atender lo que preocupa a sus gobernados.
Durante
años, la glorieta de “La Hermana Agua” ha sido punto de reunión de las marchas
de mujeres en Tepic. Desde ahí parten madres buscadoras, estudiantes y
colectivas. La escultura no solo representaba un cuerpo: es una presencia.
Mujeres nayaritas han cuestionado incluso la forma en que se realizó el
retiro: con sigilo, en la madrugada, sin testigos. Al final, no se retira una
escultura: se ensaya una forma de borrar el cuerpo en un estado donde más de
dos mil mujeres han desaparecido.
Para dar el asunto por concluido, se colocaron de inmediato las figuras
de una familia originaria.
Queda claro que no se trata de una pieza ni de su calidad. El tema es
qué puede mostrarse y qué debe ocultarse.
No importa que “La Hermana Agua” tenga apropiación colectiva y
simbólica: pesan más los gustos e intereses del poder.
Ese es el tipo de gesto con el que el autoritarismo se vuelve visible.



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