Este viernes 28 de noviembre, un anuncio en redes volvió a sacudir el timeline global: “The Ultimate Bush está de vuelta. Nuestra braga de pelo falso más viral ha regresado. No te pierdas este reabastecimiento limitado”. El mensaje confirmó lo que las fashionistas esperaban desde hace semanas.
La pieza —convertida en fetiche instantáneo— debutó el 14 de
octubre de 2025. Ese mismo día se agotó por completo: bastaron unas horas para
que la producción desapareciera de los carritos digitales. Su lanzamiento fue
noticia; su ausencia, todavía más. Y ahora, con un reabastecimiento limitado,
el frenesí se repitió: ocho horas después del mensaje, la prenda ya no aparecía
en la web
de Skims.
¿De qué va la pieza? Se trata de una tanga mínima, sostenida
apenas por dos cuerdas ajustables. En el frente, un pequeño triángulo de malla
elástica y transparente recubierto por una mezcla de pelo sintético rizado y
liso que emula vello púbico. Disponible en doce colores —para combinaciones tan
discretas o estridentes como cada clienta decida—, la marca presume: “Con
esta icónica tanga, tu alfombra puede ser del color que quieras”. Su precio
ronda los 50 dólares.
Skims es una empresa fundada por Kim Kardashian, y en torno
a la celebridad siempre gravitan reacciones encontradas: apoyos incondicionales
y críticas automáticas. Aun así, su capacidad para mantenerse vigente durante
décadas es innegable, lo mismo que su talento para proponer, reinventarse y
crear con una imaginación que suele anticiparse a las conversaciones de moda y
cultura pop.
Hace dos años, Kim lanzó —y aquí se registró— The Ultimate Nipple Bra, una prenda diseñada para
simular pezones erguidos de forma permanente. En 2023 fue el pezón definitivo;
en 2025, el arbusto definitivo: The Ultimate Bush.
Desde luego, esta tanga no es un accesorio rutinario: es un
objeto de culto, pensado para potenciar el juego sensual y el sentido del humor
que caracteriza el imaginario Skims. Para quienes optaron por la depilación permanente,
la pieza ofrece una vía lúdica para sorprender a su pareja con una “cubierta”
inesperada. Al final, el erotismo siempre ha sido cuestión de imaginación,
juego y complicidad.
Además, la prenda recupera una tradición: no es un invento
de Kardashian. El uso de pelucas para cubrir o acentuar aquello que se desea
—por necesidad, moda o simple gusto— es ancestral. En el caso del vello púbico,
las pelucas existen desde hace siglos y reciben el nombre de merkin.
Como toda peluca, su función es estética, no utilitaria: un recurso para
transformar la apariencia, jugar con la identidad o añadir un gesto teatral al
cuerpo.
Quizá por eso The Ultimate Bush fascina: porque
recuerda que incluso aquello que parecía haber desaparecido —por moda o por
láser— puede volver revestido de humor, deseo y artificio. La prenda encarna
esa libertad contemporánea de elegir el cuerpo que se quiere mostrar, ocultar o
inventar. Y en ese espacio entre el juego y el artificio, Kardashian vuelve a
dictar la conversación.

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